Formación para interioristas: ¿cuál es la adecuada?

Hay una pregunta que me acompaña desde hace años y a la que todavía no tengo una respuesta definitiva.

¿Estamos formando a los futuros interioristas para la profesión que realmente van a ejercer?

Cuando empecé a trabajar, el interiorismo era una profesión distinta a la de hoy.

Los proyectos eran diferentes.

Los clientes eran diferentes.

La relación con los fabricantes era diferente.

La tecnología ocupaba un lugar mucho menor.

Y la cantidad de información disponible era infinitamente más reducida.

Sin embargo, había algo que estaba muy presente: el aprendizaje del oficio.

Gran parte de ese conocimiento se adquiría trabajando junto a otros profesionales, visitando obras, entrando en talleres, observando cómo resolvían los problemas quienes llevaban años ejerciendo y, por supuesto, equivocándose.

Hoy la profesión ha ganado muchísimo en complejidad.

Un interiorista debe conocer normativa, sostenibilidad, eficiencia energética, representación digital, herramientas tecnológicas y una cantidad enorme de materiales y sistemas constructivos que hace veinte años ni siquiera existían.

Era lógico que la formación evolucionara para responder a esa realidad.

Lo que me pregunto es si, al incorporar todos esos conocimientos técnicos, hemos ido dejando menos espacio para aprender el oficio.

Porque ejercer el interiorismo también significa escuchar a un cliente que todavía no sabe explicar lo que necesita.

Interpretar un presupuesto.

Resolver un cambio durante la obra.

Entender cómo trabaja cada oficio para poder coordinarlo.

Tomar decisiones cuando un material deja de fabricarse o un plazo deja de cumplirse.

Gestionar expectativas, tiempos y costes sin perder de vista el proyecto.

Nada de eso resulta sencillo de enseñar dentro de un aula.

Y tampoco creo que sea una responsabilidad exclusiva de las universidades o de las escuelas.

La profesión evoluciona a gran velocidad y cualquier plan de estudios necesita tiempo para adaptarse.

Por eso creo que cada vez es más importante crear espacios donde la formación académica y la práctica profesional puedan encontrarse.

No para sustituir una por la otra.

Sino para complementarlas.

La base técnica y cultural sigue siendo imprescindible.

Pero también lo es comprender cómo se desarrolla realmente un proyecto, cómo se toman decisiones en una obra, cómo se trabaja con fabricantes y proveedores, cómo se gestiona un estudio o cómo se construye una relación de confianza con un cliente.

Ese conocimiento no pertenece únicamente al ámbito académico ni únicamente al profesional.

Surge cuando ambos se conectan.

En los últimos años he tenido la oportunidad de trabajar con estudiantes, profesionales que daban sus primeros pasos y también interioristas con experiencia que querían replantear su manera de trabajar.

En todos ellos he encontrado una sensación parecida.

No faltaban conocimientos.

Faltaba contexto.

Saber por qué se toma una decisión y no otra.

Comprender qué ocurre antes y después de un plano.

Entender que un proyecto no termina cuando está dibujado.

Quizá una parte importante del futuro de la formación en interiorismo pase por reducir esa distancia entre aprender la profesión y ejercerla.

No porque la formación actual sea insuficiente, sino porque la realidad profesional cambia continuamente y obliga a seguir aprendiendo durante toda la carrera.

Pensamientos Interiores

Este ensayo forma parte de Pensamientos Interiores, una colección de reflexiones escritas por Eva Torrecillas sobre el oficio del interiorismo, la cultura del diseño y la formación de quienes ejercen esta profesión.