¿Merece la pena estudiar un máster en interiorismo?
Una reflexión de Eva Torrecillas sobre qué busca realmente quien decide estudiar un máster en interiorismo y cómo elegir una formación conectada con la práctica profesional.
Cada año, miles de personas buscan en Google expresiones como máster en interiorismo, mejor máster de diseño de interiores, máster de interiorismo online o dónde estudiar interiorismo. A primera vista parece que todas buscan lo mismo: un título de posgrado. Sin embargo, la realidad suele ser bastante diferente.
La mayoría no está buscando un diploma. Está buscando una respuesta.
Algunas personas quieren cambiar de profesión porque sienten que su trabajo ya no les representa. Otras han estudiado Arquitectura, Diseño o Bellas Artes y quieren especializarse en el diseño de espacios. También hay quienes llevan años trabajando en decoración o en el sector del mobiliario y sienten que les falta una visión más amplia para desarrollar proyectos completos. Incluso existen profesionales que ya ejercen como interioristas, pero son conscientes de que dominan una parte del trabajo y tienen importantes carencias en otras.
En todos esos casos, la palabra "máster" se convierte en una forma de expresar una necesidad mucho más profunda:
Quiero aprender a ejercer esta profesión de verdad.
Y ahí aparece el primer gran malentendido.
Un máster puede ser una excelente opción para determinados perfiles, especialmente cuando se busca una especialización universitaria o un determinado recorrido académico. Pero muchas de las personas que realizan esa búsqueda no necesitan exactamente eso.
Lo que realmente quieren es comprender cómo funciona un estudio de interiorismo, cómo se desarrolla un proyecto desde la primera reunión hasta la entrega final, cómo se toman decisiones sobre materiales, cómo se trabaja con fabricantes y proveedores, cómo se coordina una obra o cómo se construye una carrera profesional sostenible.
Son preguntas que no siempre encuentran respuesta en los programas formativos tradicionales.
A lo largo de mi trayectoria he conocido estudiantes recién titulados que dominaban conceptos teóricos, pero nunca habían visitado una fábrica, negociado con un proveedor, preparado una certificación de obra o resuelto un problema cuando un material dejaba de fabricarse. También he conocido excelentes profesionales que aprendieron precisamente al revés: primero la realidad del trabajo y después la teoría que les permitió comprender mejor lo que ya estaban viviendo.
Esa diferencia es importante.
El interiorismo no es una disciplina que pueda aprenderse únicamente desde un aula, pero tampoco únicamente desde una obra. Necesita ambas cosas.
Necesita historia del diseño, cultura visual, referencias, sensibilidad y pensamiento crítico. Pero también necesita experiencia, criterio, capacidad de decisión, conocimiento de los materiales, relación con los oficios y contacto directo con la realidad de los proyectos.
Por eso, antes de elegir una formación, quizá convenga hacerse una pregunta distinta.
No:
¿Cuál es el mejor máster de interiorismo?
Sino:
¿Qué necesito aprender para convertirme en el profesional que quiero llegar a ser?
La respuesta será diferente para cada persona.
Habrá quien necesite una formación universitaria. Habrá quien busque una especialización técnica. Habrá quien quiera profundizar en la gestión de un estudio. Y habrá quien descubra que lo que realmente le falta no es más teoría, sino comprender cómo se ejerce la profesión en el día a día.
Ese es, en mi opinión, el punto de partida correcto.
El objetivo de una formación no debería ser acumular títulos, sino adquirir el conocimiento, el criterio y la experiencia necesarios para proyectar espacios que mejoren la vida de las personas y construir una trayectoria profesional sólida.
Pensamientos Interiores
Este ensayo forma parte de Pensamientos Interiores, una colección de reflexiones escritas por Eva Torrecillas sobre el oficio del interiorismo, la cultura del diseño y la formación de quienes ejercen esta profesión.
